
Caminaba un denso día, un día de lluvia… El cielo cenizo era tenebroso, el vendaval sacudía los áltos árboles, y los rayos hacían temblar la tierra. Pero gotas cristalinas, tan bellas.. Caían sobre mis mejillas, mojaban mi pelaje y del llanto caí al suelo de rodillas.
No pude descubrir qué causaba mi llanto, y me vinieron a la mente palabras de un gran amigo que me comprendía, de entre tantos, el que se destacaba, me dijo que yo no caminaba, sino que saltaba, y recordé por qué lo dijo. Entonces, quise levantarme, cobré valor, pero mis brazos me jugaron una mala pasada; perdí la fuerza, y caí al frío piso, viendo como las gotas morían en en suelo esparciéndose en mil gotas mas pequeñas.
Vi en un instante, una gota tan clara como el cristal, tan esférica… Colisionó contra una lágrima mía, y juntas, se deshicieron y cayeron al suelo frío y mojado. Una gota clara, y una lágrima que se juntan, dos personas; y de allí cobré la fuerza necesaria para levantarme. Motivado y con la fuerza en mi corazón desafié el vendaval, la tormenta y mis miedos, ya no le temía a nada ni a nadie. Los vientos azotaban todo, derribaron altos postes, torcieron bellos árboles, pero a mi, no pudieron abatirme. Corrí, salté, me mojé… Y el cielo cenizo que opacaba al sol no me quitó coraje.
Entonces, llegué. Llegué, y de un pequeño monedero conté todo el dinero que tenía. Era poco, pero alcanzaba para la última cucha que quedaba a la venta. Estaba muy mojado y resfriado, agitado y aturdido, pero aún asi me acerqué al mostrador. El dinero no alcanzó, por unos miseros billetes no hubiera podido comprarla, pero cuando le expliqué para quién era la cucha… Me la cedió por la poca plata que tenía… Toda la que tenía.
Tomé la cucha, le agradecí y salí con la esperanza de llevarla a donde la había prometido. La lluvia era mas intensa, y los vientos soplaban más fuertes que antes, y los truenos causaban estragos. Pero nada me desanimó. Caminé, salté, corrí, lloré, resbalé, una odisea me mantuvo agitado, vi el paisaje cambiar, pero el cielo, igual de cenizo, igual de grisáceo, igual de monótono.
El peso de la cucha a cuestas no era mi problema, sino que era llevar la cucha, un dia de lluvia, sin paragüas y por tanto tiempo. Pero nada me pudo desmoralizar. Luego de tantas pruebas, por fín llegué a la puerta que tanto ansiaba.
Tímidamente toqué timbre, y rápidamente abriste la puerta. Me pediste que pasara, pero yo, de vergüenza por estar sucio y empapado, me quise quedar afuera.
Entonces, la lluvia comenzó a cesar, el viento se calmaba progresivamente, y los truenos y relámpagos se apagaban. Me viste llorar y me preguntaste porqué estaba así de sucio, y así de mojado. Te conté todo detalladamente, y acercándote la cucha con mis brazos cansados, te dije llorando “La última vez te atacó un resfrío… Esta es, la cucha que te había prometido; te la obsequio, para que ya no pases frío…”
Ambos miramos el cielo, vimos las nubes despejándose a un costado, y un destello asomó por entre ellas. Me diste un abrazo fuerte, y dejaste caer una lágrima.
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Renamon Whisperwind
25/11/2008
“Regalo”
awww.. vida! espero que te sientas algo mejor en un tiempo.. me gustaría que estuvieras al lado mio para darte un abrazo.. :3 te quiero muchisimoopp.. nos estamos hablando..
Awww.. ^^ Qué tierno el comentario de Furball! ^^
Yo también creo que Rena necesita un abrazo de alguien como el lobito… Mucha suerte muchachos!!!