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Sabio

Los amaneceres de su aldea eran claros
así como el brillo en los ojos de su gente;
pero envejeció con el paso de los años
y el último día, esperó en paz a la Muerte.

Sencillamente miraba con sus ojos llenos de calma,
a quienes lo miraban con sus ojos llenos de lágrimas,
y trataba de apaciguar al mundo que se angustiaba
sabiendo que se volvería uno más entre las sombras.

Les dijo en voz baja que todo estaría bien,
que ultimaría la voluntad de la Muerte
que había tañido su campana al amanecer.

El presagio del anciano se hacía evidente,
las tinieblas se apoderaban de su alma,
y el mundo vestía su ensombrecido traje
viendo al longevo de perpetua calma.

Dejó de escuchar las voces de las personas,
y el sollozo de los niños que lo veían morir.
Y cerró sus ojos tras el profundo silencio,
cuando su corazón escarlata dejó de latir.

Los días sucedieron tras la muerte del sabio,
y el sol de la aldea ya no brillaba como ayer,
en el rostro enlutado de los niños del pueblo
las lágrimas de los apenados se veían caer.

En ese día donde el sol guardó silencio;
la luz de la luna iluminó la oscuridad,
y los niños vieron la sombra del anciano
en el cuarto donde al morir hubo claridad.

En él conservaba su cofre de penas,
allí, el cuarto donde siempre habitó.
La gente del pueblo lo llamó “aldea”,
y “cielo” lo llamó el mundo exterior.

Y en su precario cofre de colores alegres,
les guardó a los hijos de su pueblo,
un mensaje escrito con las tenues luces
de los más resplandecientes luceros.

-Si pudiera les diría con mi voz serena,
que no lloren por este dichoso anciano

a quien se le congeló su reloj de arena,
sus días dejaron de fluír en el mundo
en cuya noche velaron su alma en pena.
-

-Pero hoy les diré con la voz de los vientos,
suelten sus lágrimas y fluyan por sus rostros
en condolencia por el mero viejo que partió,
y que libres al fin de sus pesados lamentos
le sonrían a los cielos en donde su sabio habitó.
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Renamon Whisperwind
29/10/09 | 08:14 p.m.
“Sabio”

Colección de Poemas:
“Esperanzas y Expectativas”

El Hombre que vendió mi País

Allí está el renombrado hombre,
el desgraciado que vendió mi país;
quien ríe y sonríe; sórnidamente,
al nuestra nación subyugada regir.

Vendió nuestros sueños de hielo,
nuestros atardeceres forestales;
y subastó los arcoiris del cielo
sucesores de tenues rayos solares.

Si, ése es, aquel hombre que ríe;
quien ha vendido nuestras tierras,
y quien trabaja en la densa calígine
para así tu luz y la mía enajenar.

Mi triste pueblo muere de hambre
y en él la esperanza se vuelve opaca,
mi comarca esmeralda se torna ocre,
y el sol cesa de brillar en las mañanas.

Conocemos su rostro lleno de desgracias,
se ha vuelto sinónimo y causa de decadencia,
ha de ser quien nuestros cimientos agita;
y de nuestros azotados ánimos nos despoja.

El país más bello que han visto mis ojos;
cayó en manos necias y ojos invidentes,
en manos del hombre; que ha vendido,
la madre tierra que nos ha visto nacer.

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Renamon Whisperwind
07/10/09 | 12:24 p.m.
“El Hombre que vendió mi País”

Colección de Poemas:
“Qué Hice o Hicimos Mal”

Carta a Quien perdió un Minuto

Parece que has perdido un minuto,
me han dicho que lo sigues buscando;
aquí ahora; allá mañana, a veces,
y ahí está, pasado mañana, riendo.

Si pudieras atraparlo;
o al menos verlo,
pero no puedes,
¿verdad?

De todos ellos que cuidas y guardas,
me han dicho que has perdido uno;
sólo uno de esos tantos que posees
de ellos el ayer del día de hoy.

Y no lo has hallado hace tiempo,
qué travieso aquél blanco minutero
que dejó escapar a aquél minuto…
Que ayer ni mañana has encontrado.

Libera la promesa implícita
que el día de ayer has forjado;
permítele completar su partida,
en paz y silencio; te ha derrotado.

Sabes que busca ya no ser parte
del reloj que le ha concebido;
tal vez mañana apenado regrese
si fuese tal su incierto destino.

Pero hogaño, déjalo ser,
¿Hoy? No, no en este día;
mejor antes, junto al mar
que nacerá el día de mañana.

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Renamon Whisperwind
24/09/09 | 08:48 p.m.
“Carta a Quien perdió un Minuto”

Colección de Poemas:
“Esperanzas y Expectativas”

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